"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

viernes, 14 de diciembre de 2007

Ya está aquí la navidad...

Ya está aquí la navidad! Bueno... la navidad está aquí desde hace ya unas semanas. Los centros comerciales se han encargado de adelantarla para que dé tiempo a alcanzar unas sumas de beneficios considerables.

En mi casa hoy empieza a ser navidad. Mi hermana está plantando el belén en el salón. Ya se oyen las cancioncillas navideñas que acompañan al encendido de las luces intermitentes de colores. El árbol navideño ya se abre paso en el rincón del salón y pronto los adornos multicolores lo invadirán.

La vecina de enfrente también ha colocado un "Feliz Navidad" en letras rojas en la puerta para recordar a los vecinos que ya estamos en esas fechas.

Fuera, en la calle, ya lucen las bombillas que forman la silueta de campanillas. Llevaban días colgadas pero hace poco que las han encendido.

Todo muy colorido, todo muy musical, todo muy... empalagoso.

Lástima que el ser humano no inverne durante un mes. Yo elegiría el mes de diciembre para invernar. Me metería en el sobre y dormiría hasta que pasara la navidad. Despertaría sin empachos de estómago por haberme metido entre pecho y espalda cantidades industriales de comida. Porque en navidad una de las cosas que más se hace es comer.
Se come como si nunca se hubiese comido, como si hubiera que comer como desesperados antes de que acabe el año, como si tuviésemos que dejar el planeta seco de recursos antes de que empiece el nuevo año. Y por si fuera poco nos zampamos doce uvas deprisa y corriendo para incentivar el cultivo de la vid.

Y bebemos; bebemos como desesperados. Nos pillamos la moña monumental de fin de año porque qué mejor manera que empezar el año agarrados a una farola botella en mano.

Qué pena no poder invernar durante un mes. Despertaría con el bolsillo repleto de dinero. Ni más ni menos que el dinero con el que me dormí.

Y es que me habría evitado las cenas navideñas: familiares, de empresa, de vecinos, de amigos, ... Porque nadie se acuerda de las cenas más que en navidad. Por eso, porque hay que comer, comer, comer con gente, comer con toda la gente que conoces y hasta con los que no conoces. Comer, comer.

Despertaría con el dinero que no tuve que gastar en lotería de navidad, despertaría con el dinero que no tuve que gastar en regalos comprados en esos centros comerciales incentivadores de la navidad como época consumista.

Despertaría sin chichones ni moratones por haberme pegado con alguien por ese regalo de navidad de última hora en aquella tienda, o por un hueco para ver a los Reyes Magos pasar por la Puerta del Sol, o por un sitio en el atiborrado autobús de vuelta de la Plaza Mayor de ver los puestos de pelucas navideñas, o por un hueco para ver el belén que han instalado en tal calle que es igual que el de mi casa pero en "bonito", o por un hueco para pasear por las calles antes desiertas de Madrid y que se atiborran de gente que crece como las setas en el asfalto durante la navidad. Sí, uno de los bienes que empiezan a escasear en navidad es el sitio para el propio cuerpo en el centro de Madrid. ¿De dónde sale tanta gente en navidad? ¿Están de atrezo? ¿Dónde están el resto del año? En el autobús de mi barrio, en navidad, coincidimos siempre los mismos, pero aseguro que no los vuelvo a ver el resto del año. ¿Los pone el ayuntamiento? Para colmo como no hacemos más que comer todos ocupamos el doble y tanta gente en el centro, todos comidos, hacen que el sitio libre sea menor aún.

Dormir, dormir. Quiero dormir durante un mes completo y despertar en el mismo mundo de siempre, no en el empalagoso de navidad que nos muestran en la tele porque tan sólo es empalagoso en las pelis de la tele. Sales a la calle y, entre todo lo que hemos comido y el poco sitio que dejamos libre, la gente está de una mala leche... Pero luego pones la tele y ves "Sólo en casa", "¡Qué bello es vivir!", "Cuentos de navidad", y la vida te parece ... empalagosa.

Navidad. Ya estás aquí. Menos mal que traes vacaciones, al menos esos días me echaré la siesta que no es como invernar pero algo es algo.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Otro sitio para jugar al Catán online

Ya indiqué un servidor para jugar al Catán online. Aquí dejo otro link a otro:

Los Colonos del Catán online

(Comentario posterior:)
Después de haber jugado en múltiples ocasiones al Catán online tengo que decir que la gente vive la partida como si de ello dependiera su vida llegando incluso a "cambiar el nombre" al oponente por "otro menos apropiado".

Y cuidado con el "robber". Es un arma arrojadiza que, como un boomerang, te puede volver si por error lo colocas en el sitio poco adecuado a vista del oponente aunque vayas perdiendo.
Uff, qué piques por la castaña del robber...

Hombre, un poquito de por favor, que es un juego. Que digo yo que nos lo pasaríamos todos mejor sin tanta tensión... que no son lo mismo los piques con los amigos de buen rollito que los piques con los desconocidos.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Juegos en la RAM

En estos cuatro días que ha durado la RAM he explotado mi lado ludópata y he jugado a todo lo que he podido. He aquí la lista de los juegos a los que he jugado:

Sí, Señor Oscuro!



Es un juego de cartas en el que el Señor Oscuro exige excusas a sus esbirros para justificar que vuelvan de su enésima misión sin haberla cumplido. Es un juego en el que se requiere mucha imaginación y saber pasar marrones a otros para librarse de las miradas del Señor Oscuro y salvar el pellejo.






Café Race



Juego de tablero en el que un grupo de compañeros de oficina se echan una carrera escaleras abajo con un café en la mano. Gana el que llegue antes abajo y habiendo derramado la menor cantidad de café.







Munchkin




La descripción del propio juego lo dice todo:

"Baja al Dungeon. Mata todo lo que encuentres.
Apuñala a tus amigos y quédate con sus cosas.
Toma el tesoro y corre."




El Gran Dalmuti



Hay que intentar deshacerse lo antes posible de las cartas que se tienen en la mano para poder ser el Gran Dalmuti, el más alto rango social. Si no se consigue, se corre el riesgo de acabar siendo el de menor clase social, el llamado Gran Peón.




Guillotine


Juego de cartas ambientado en la Revolución Francesa, en el que hay que conseguir decapitar a los nobles, que se encuentran alineados frente a la guillotina. Cada jugador decapita al noble (cada uno de ellos tiene asignado un número de puntos) que ocupa el primer lugar, intentando conseguir la mayor cantidad de puntos utilizando cartas para alterar el orden en el que se encuentran los nobles.



Hombres Lobo





Juego de cartas en el que los hombres lobo asesinan a los campesinos y éstos tratarán de descubrir detrás de qué jugador se esconde un hombre lobo antes de que los hombres lobo acaben con ellos.





Alhambra



Un juego en el que hay que construir la Alhambra con mayor cantidad de puntos.






Saboteur



Juego de cartas en el que los jugadores son enanitos escavadores que pueden ser buenos o saboteadores. Los enanitos buenos tratarán de cavar el túnel hasta llegar al tesoro evitando las trampas de los enanitos saboteadores.

martes, 4 de diciembre de 2007

Troyanos

Estoy muy entretenida en el curro. De pronto un SMS a mi móvil. Qué raro. Será propaganda... Pues no. Es mi hermana para avisarme de que nuestro ordenador tiene un virus.

Nuestro ordenador! Nuestro querido ordenador! Nuestro adorado ordenador! Aquel por el que tanto regañamos, con el que tanto tiempo pasamos y al que tanto apreciamos, está malito. Tiene un virus! No lo resisto y tengo que llamarla: "Un troyano. Ha sido un troyano. Parece que ya me he cargado al troyano pero ahora el pobre no se conecta a internet y el antivirus ha dejado de funcionar."

Mi ordenador sigue malito. No funciona bien. El asqueroso del troyano. Si le pillo... Me paso el día pensando qué tal estará, si estará muy dañado, si se pondrá bueno, si habrá perdido muchas cosas de su memoria, si empeorará o saldrá de ésta.

Al llegar a casa corro a su lado. Allí me tiene. Intentaré hacer todo lo que pueda para sacarle adelante. La verdad, no sé cómo ayudarle. El pobre no da muchas pistas. Sólo dice que nanai a internet y nanai al antivirus. Vamos, el mismo diagnóstico que me dio mi hermana por teléfono.
Lo único que se me ocurre es volver a instalar el sistema operativo y mi ordenador resucita.

Y aquí está, siendo reconocido por el Dr. Mr. Norton, a ver si le encuentra algún rastro del virus pero parece que está fuera de peligro grave. Puñeteros troyanos...

La prueba de la rejilla

Son las seis y media de la mañana. Como todas las mañanas me levanto temprano para correr. Pero no para correr por la calle o en el gimnasio. No. Yo corro por mi casa, de un lado para otro. Y no con la sana intención de mejorar mi ritmo cardíaco sino bajo el estrés que supone ver que el reloj avanza y que llego tarde a currar. Y después de las carreras por mi casa, continúo las carreras por la calle. Resulta paradójico que alguien corra a las siete y cuarto de la mañana para no llegar tarde. ¡A las siete y cuarto de la mañana! ¿Se puede llegar tarde a algún sitio a las siete y cuarto de la mañana? ¿Es que hay sitios abiertos a las siete y cuarto de la mañana a los que poder llegar tarde? Pues sí, y yo conozco uno: mi curro.


Pero volvamos a las seis y media de la mañana de hoy. Mi frenética carrera se vio interrumpida ante la portada de un suplemento dominical de salud que presentaba una foto en negro, con unas líneas blancas y un punto blanco en el centro. Me llamó la atención e interrumpí mi carrera.
Bajo la fotografía un titular: "LA PRUEBA DE LA REJILLA"


¿La prueba de la rejilla? ¿Será algún crucigrama? ¿Será algún juego curioso? ¿Algo para recortar y echarme unas risas en el curro? Hummm, con eso triunfaría...


Seguí leyendo: "Si usted ve torcidas las líneas interiores de esta cuadrícula debería acudir al oftalmólogo, pues puede ser síntoma de una enfermedad degenerativa..."


Un escalofrío recorrió mi espalda. Yo que me imaginaba toda feliz, llevando la cuadrícula al curro, echándome unas risas con los compis, me empecé a imaginar llegando cabizbaja y afligida, con el recorte en la mano y asegurando que tenía una enfermedad degenerativa que hasta ahora no había notado. Esa misma tarde tendría que ir al médico para pedir cita para el oftalmólogo alegando que yo veía torcidas las líneas. El médico, con la cara desencajada, no sabría cómo ayudarme a afrontar aquello. Las pruebas eran irrefutables. No veía las líneas rectas.


Temblando al ser consciente de lo mal que empezaba el día tuve el valor de mirar la cuadrícula. Antes de hacerlo intenté asumir la manera en la que mi futuro podía cambiar y con resignación inspeccioné la cuadrícula. Ante mi asombro las veía rectas. Super-rectas. Completamente rectas. Miré y remiré, desde lejos, desde cerca, de lado, de medio lado, de lado y medio... Seguían siendo rectas. Recobré la respiración. "Tengo la vista bien, tengo la vista bien!" Hala pues a correr que ya no tengo la excusa del diagnóstico de la enfermedad degenerativa para llegar tarde al curro.