"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

lunes, 29 de octubre de 2007

Un bingo por dentro

El viernes estuve con unos amigos en la inauguración de un bingo. Uno de los amigos del amigo... (el mundo es tan pequeño) había comprado el bingo junto a un socio. Nunca había estado dentro de un bingo. Tengo uno enfrente de mi casa desde hace años y nunca he sentido curiosidad por saber cómo son. Quizás porque no me gustan las apuestas ni creo en la suerte. (En la vida conseguir cualquier cosa me ha costado mucho así que he aprendido que si quieres algo te lo tienes que currar, nadie te regala nada. Y que no hay que llamar a la suerte; ella te encuentra. Y anda tan despistada...)


El viernes tuve la oportunidad de entrar en uno y me pareció un sitio muy triste. Como era el día de la inauguración había un pequeño buffet y me dediqué a comer. A la entrada nos tomaron los datos mientras me zampaba unos sandwiches de queso con jamón york, pequeños pero muy ricos. Había una puerta cerrada con un panel que indicaba "Esperen" "Pasen" que impedía que la gente entrara en la sala mientras se estaba jugando una partida de bingo. Cuando se encendió el cartel de "Pasen" entramos. Ocupamos dos mesas. Al momento apareció el dueño del bingo que quiso tener una atención especial con nuestra mesa por estar entre nosotros su amigo. Ordenó al camarero que en nuestra mesa no faltara la bebida. Al rato para acompañar la bebida nos trajeron unos platos de jamón, chorizo, croquetas y queso. Mientras observaba lo deprimente de aquel lugar asalté el plato. El dueño se volvió a acercar a nuestro amigo y le dio dinero para que jugáramos. No he visto una cosa tan triste como que te den 30 euros y te digan: "Toma, para que juegues". Me hubiera sentido mejor si nos hubiera regalado directamente los cartones. Se me ocurrió que podíamos levantarnos e irnos comidos y con los 30 euros en el bolsillo... Mientras comía me dediqué a mirar a la gente que estaba jugando. Me dio pena. Había una familia, padre, madre e hija, un viernes por la noche en un bingo. Bastante triste. Había un señor con el uniforme de ingeniero de ingeniero de caminos (me enteré de que tienen uniforme de gala). Es muy triste que considere una ocasión especial el ir a un bingo para ponerse el uniforme de gala. Y gente mayor jugando. Algunos solos, también matrimonios. Lo que más me chocó fue que el dueño nos vino a saludar después y, mientras comentábamos lo triste del ambiente, nos dijo que era cierto y que incluso había visto a gente que le pedía a las camareras que se acercaran al cajero que tienen instalado dentro del bingo para que les sacara dinero sin moverse de la sala y mientras seguían jugando. Él! El mismo que potencia el negocio! Me sorprendió. No pensaba encontrar allí nada que me atrajera pero lo que vi se me ha quedado grabado y ha potenciado mi poco gusto por las apuestas y esos sitios.

lunes, 22 de octubre de 2007

Reunión, patines, ensayo, ...

El viernes fui a la reunión de Mensa. Hacía tiempo que no iba. Sigo siendo de las esporádicas. Me encontré con gente nueva a la que no conocía y también a amigos. Como siempre disfruté de una agradable conversación. Me fui pronto a casa. Los viernes suelo estar agotada de toda la semana y no duro mucho despierta. Al llegar a mi bloque descubrí que no había luz en el portal ni en los descansillos. Vaya! Qué raro. Últimamente se nos va la luz muy habitualmente. Menos mal que en las viviendas no se suele ir la luz. De pequeña recuerdo que en casa siempre había linterna y velas porque los apagones eran corrientes. Ya eso se arregló. Ahora es sólo que tengo que subir de vez en cuando a tientas a mi casa. Y la verdad. Me da un poco de cague. No sólo porque no se ve nada sino porque a la puerta de la calle muchas veces está abierta. Se le ha ido un muelle y hemos pasado de tener una puerta enorme y pesada que se cerraba por su propio peso y muy lentamente sin admitir que nadie la empujara porque ejercía una fuerza contraria a la del empuje que se le transmitía a tener la misma puerta enorme y pesada que convirtiendo todo su peso en inercia abre y cierra con un dedo. El problema está en que se le aplica una fuerza para abrirla proporcional a lo que se cree que es su peso y su resistencia y esa fuerza acaba por incrustar la puerta enorme y pesada en la pared de mármol, que por cierto ya se ha roto. Es abrir la puerta y agarrarse con las dos manos a ella intentando que la fuerza de rozamiento de los pies del que abre y que se acaba viendo arrastrado por ella contrarreste esa inercia y acabe parando la puerta. Al final los vecinos, en lugar de arreglar la puerta, le han puesto un tope para que no choque con la pared. Ahora lo que pasa es que muchos esperan que cierre sola pero no es así. Se queda toda ella grande y pesada en la misma posición. Si alguien caritativo opta por volverse y cerrarla, cierra. En otro caso se queda abierta. Y, claro, a las dos de la mañana, en un bloque en el que en el séptimo piso hay una casa en alquiler en la que están haciendo turnos para dormir y que, por lo tanto, no sabemos quién entra o sale y con una puerta tan peculiar, es toda una aventura adentrarse en la oscuridad. Así que tuve que avisar para que bajaran con una linterna o algo y me acompañaran. Las aventuras las justas. No soy excesivamente intrépida en determinadas ocasiones. El sábado seguía la cosa igual así que opté por volverme pronto y así no tener que despertar a nadie para que me sirviera de guardaespaldas. Y después de quedarme sin fiesta, al llegar al portal descubrí que había luz. Me entraron unas ganas de volverme...
El domingo quedé para patinar con unos amigos. Cuando terminamos nos fuimos a ver el ensayo de otros amigos. Tienen un grupo de música y yo me lo paso genial en los ensayos viéndoles. Suelen decir que no son buenos, que no les sale bien... pero lo mejor de todo es ver cómo van mejorando de ensayo en ensayo. Y a mi no me parece que lo hagan tan mal.

viernes, 19 de octubre de 2007

Casa rural

El último fin de semana de septiembre estuve con un grupo de amigos, muchos compis de trabajo, en una casa rural. En total éramos nueve. La primera idea que teníamos era no movernos de Madrid, elegir una casa en la sierra y tener cerca la montaña y la posibilidad de hacer excursiones si nos apetecía a sitios cercanos. Me encargué de contactar con la casa rural y fue cuando me di cuenta de lo solicitadas que están. Casi todas estaban alquiladas ya y hasta dos meses después no había posibilidad de encontrar fecha para alquilarla. Al final ampliamos el círculo de búsqueda y acabamos alquilando una en Ávila. La casa estaba bien: planta alta, planta baja y sótano. La decoración de la casa me encantó. Hay algunas cosas que habría cambiado. Hubiera preferido, por ejemplo, que en las habitaciones en las que había cama de matrimonio hubiera habido camas separadas ya que no íbamos en plan parejas. También eché en falta una barbacoa que da mucho juego a la hora de hacer la comida. El pueblo tenía zona de senderismo por montaña cero. Plana, plana era la zona. Lo positivo en este aspecto fue el castillo con el que contaba. Era un castillo que estaba medio apuntalado porque se estaba cayendo pero podíamos meternos por todas las salas, por todas las escaleras, por todos los sitios y así nos pasamos toda una tarde inspeccionando el castillo de arriba a abajo.
La convivencia muy bien y los juegos lo mejor. Yo me lo pasé genial. Reconozco que era la primera vez que hacía una escapada de este tipo y me gustaría volver porque me faltaron por hacer muchas cosas y el shock de la novedad me dejaba parada en muchas ocasiones. Pero será en la primavera cuando volvamos a hablar de casa rural.

Problemas laborales

Hoy vuelvo a tener dolor de cabeza. Estoy cansándome de mi situación laboral. Estoy trabajando para una consultora, subcontratada en otra empresa. El trabajo en esta empresa está muy bien pero como subcontratada que soy me dan tareas no tan interesantes como a los contratados y siento que mi implicación en cierto aspecto está limitada. Soy una persona inquieta y ambiciosa como yo y el estar en un puesto que limita mi implicación y el posible desarrollo de todo mi potencial me hace no sentirme agusto. Por otro lado la consultora para la que trabajo tampoco me tiene excesivamente contenta. Tiene muchos puntos positivos con respecto a otras consultoras pero hay cosas que se podrían mejorar.



Hoy la consultora nos ha vuelto a recordar la importancia de los documentos que tenemos que redactar semanalmente contando las actividades que realizamos. La idea es buena: recopilar información de los puestos de trabajo que estamos desarrollando. El problema viene cuando ese intercambio de información traspasa cierta barrera legal. Los de la consultora olvidan o quieren dejar a un lado el tema legal y se limitan a pedirnos, más bien exigirnos, la redacción de documentos en los que expliquemos al detalle nuestro trabajo. Yo no estoy en contra de redactar un informe siempre y cuando lo que redacte en ese informe no me va a llevar a tener problemas. Algunos de mis compañeros están redactando un informe, a vista de la consultora, apropiado. Miedo me da pensar en qué tipo de información les están pasando. En vista de que la situación se podía complicar, desde el primer día mis informes los filtran mis responsables en la empresa que me ha subcontratado. Soy de los pocos casos en los que los informes pasan un filtro. Si alguien está mandando algo que no debería puede ser que nadie se entere pero si alguien se entera se les podría caer el pelo. Yo quiero estar tranquila y me siento mejor sabiendo que mis responsables en esta empresa saben que pueden confiar en mi. Pero empiezo a sentir la presión por parte de la consultora. Pensándolo fríamente no sé qué podrían hacer en caso de que la situación se volviera tensa. Ellos me exigen, yo me niego a traspasar cierto límite. Sin embargo este juego no es tan fácil. No tengo pruebas de que me lo estén pidiendo pues todo es de palabra y en ningún sitio consta nada. Me han llegado a pedir cosas claramente ilegales pero sin testigos, en reuniones privadas. Ante eso yo tampoco tengo ninguna prueba. Y los de la consultora juegan al "yo no he dicho eso, yo lo que he dicho es que ..." Así que hay que moverse con pies de plomo. Todo esto no me resulta nada agradable. Me encantaría que todo esto no me afectara tanto como lo está haciendo.

martes, 16 de octubre de 2007

Retomando el blog...

Vuelvo a retomar esta aventura del blog. No es que lo tenga abandonado porque no tenga nada que escribir. La razón de mi ausencia ha sido que no tenía tiempo para escribir. Se me pasan los días haciendo cosas que tengo que hacer y pocas hago que sean lo que realmente quiero hacer. Y siempre me encuentro con la limitación del tiempo.