"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

jueves, 16 de octubre de 2008

Correr

Chándal, zapatillas, walkman, cronómetro... De pie en la puerta de casa, todo está listo para lanzarme a eso del footing. Pongo en marcha el cronómetro y me lanzo a correr.

Hace un momento he visto pasar un grupo de gente andando por la acera. Ahora les he alcanzado porque yo voy corriendo. Ellos andando. Inicio el adelantamiento por la izquierda. Jeje. Los he dejado atrás. Me siento orgullosa. Me siento superior. Me siento genial hasta que noto que la respiración empieza a perder su ritmo. Quizás es que vaya demasiado deprisa así que aminoro el paso. Parece que voy mejor aunque el corazón se empieza a disparar.

Alcanzo a un segundo grupo de gente andando. No sé si tengo fuerzas para adelantarles. Tras evaluar la situación me lanzo a la aventura del adelantamiento. Cuando los dejo atrás comienzo a notar el esfuerzo que he realizado. Ya no es que haya perdido el ritmo de la respiración. Me he convertido en una inmensa boca abierta, que se ha orientado en la dirección del viento, para que la cantidad de aire absorbido sea la máxima posible. Ya no me doy cuenta si suelto aire. Sólo me preocupa aspirar.

Aspirar, aspirar. Vuelvo a aminorar el paso. Si corro más despacio me pararé. El corazón me bombea con tal fuerza que parece que choca con las costillas. He debido de estar corriendo durante por lo menos... 30 segundos! No puede ser. Miro de nuevo el reloj. Tanto sufrimiento en tan poco tiempo? Yo corro pero el reloj se niega a hacer lo mismo.

La boca cada vez más abierta, la garganta más dolorida de la entrada de aire frío (no será de la velocidad que llevo... debe ser más bien de la velocidad que alcanza tras la aspiración) , el tremendo estruendo de mi corazón al latir... y ahora las piernas!

Pero, qué les pasa a mis piernas? Miro el reloj. No puede ser que en 40 segundos mis piernas hayan decidido que no pueden más. Estoy aspirando aire! Y el corazón está bombeando a una velocidad tremenda! Todo indica que les tiene que estar llegando oxígeno como para hacer un festín! Pues no sé muy bien la razón pero están enviando información al cerebro de que a ver cuándo termina el suplicio, que no están dispuestas a llevarme muy lejos.

En ese momento aflora el orgullo. No puedo parar ahora. He adelantado a dos grupos de personas. Me verán pararme sofocada. No puedo dar la impresión de que estoy tan baja de forma. Así que, por orgullo, decido seguir corriendo. "Bah, esto debe ser la pájara esa de los deportistas" e intento ignorar las angustias de mi organismo. "Si consigo superar esto, el resto irá solo". Pues no. No va solo. Son necesarias las piernas para ir. Y las piernas han decidido de común acuerdo que no quieren correr más.

El cerebro, muy sabio él, me devuelve un poco de cordura mediante una pregunta:
¿Qué haces corriendo si no puedes ni con el walkman?

En ese momento, mis piernas dan la respuesta: paran, se doblan y me encuentro sentada en el suelo. La respiración se dispara aún más y veo cómo poco a poco me van dejando atrás los dos grupos de personas que he adelantado.

Miro el reloj. Un minuto.

1 comentario:

MakodFilu dijo...

:D

Quizá a los viandantes no, pero el mero hecho de que te pongas a correr implica que has dejado algún problemilla atrás. De salud cuanto menos.

Un besazo, corazón. Te sugeriría andar antes que correr, pero tramos largos, eso sí. Cuatro caminos - La vaguada, Atocha - Sol, Gran vía - Palacio de Oriente,...