"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

jueves, 15 de noviembre de 2007

Historias de mostrador

Me imagino que a todo el mundo le habrá pasado alguna vez...

Escenario: sala de la seguridad social. Un mostrador con ventanillas que separa dos tipos de personas: a un lado los que esperan a ser atendidos, al otro los que atienden. Una máquina expendedora de números para marcar el orden en el lado de los que esperan. Unas sillas para que los que esperan esperen sentados y por supuesto incómodas para que pasado un tiempo la gente se levante y preste su asiento a otros. Y lo más importante y sobre lo que más atención se prestará en todo momento: unos marcadores en cada ventanilla para saber a qué número están atendiendo.

Acción: Llego y cojo el número. Uff. Ya formo parte del grupo que espera.
Me quedan como unos... veinte números. Bueno, teniendo en cuenta que el mostrador tiene cuatro ventanillas, veinte números, tras un cálculo rápido me salen cinco personas por ventanilla. A dos minutos cada una... Unos diez minutos de espera. No está mal. Me fijo mejor y comienzan a aparecer esos extraños factores que perturban los cálculos. En primer lugar una de las ventanillas tiene el marcador apagado: una baja en el equipo de los que atienden. El marcador de al lado está parado hace veintidós números. Vaya. Parece que hay un problema irresoluble por la ventanilla 2. Las otras dos ventanillas parece que van bien. Me da que no van a ser diez minutos... La ventanilla 3 se queda libre. Pienso en positivo: "Todo puede ser que en lugar de dos minutos por persona sea un minuto y la situación mejore." Pues no. Empeora. La señorita que atiende ha decidido que abandona su puesto. ¡Pero cómo! ¿No se da cuenta de que al otro lado de la ventanilla hay una masa de gente que podría pensar que no es una buena idea, optara por acompañarla amablemente de vuelta a su puesto en la ventanilla y la persuadiera con buenos argumentos de que lo mejor es que prosiguiera con su tarea? Pues no, o no ha caído en ese detalle o el estar al otro lado del mostrador le concede ese poder de decidir que se convierte en un factor perturbador del cálculo de tiempo de espera. Bueno, parece que todos tenemos que depositar nuestras esperanzas en la agilidad de la persona que se está haciendo cargo de la ventanilla 4. El problema irresoluble de la ventanilla 2 sigue sin solución. La ventanilla 4 da paso a otro usuario. No es que la cosa vaya lenta. Es que la cosa no se mueve. Pero vamos a ver... Qué tiene que contar la gente que tarda tanto tiempo? El asiento me parece hasta cómodo. Empiezo a buscar la mejor postura porque viendo el panorama esto va para largo. Entre los que esperan se entablan conversaciones amistosas, el buen humor que no falte. La ventanilla 4, esa ventanilla en la que todos tenemos depositados nuestras esperanzas, nuestras prisas, nuestro tiempo, se queda libre y en su marcador aparece un nuevo número. Y yo imploro que no aparezca nadie y le dé al botón rápido para que pase a otro número. Y por suerte mis anhelos se han visto cumplidos. Otro número aparece en el marcador. Lo malo es que al momento se levantan dos personas a la vez y se dirigen a la ventanilla: la persona a la que se le ha pasado el número y la que tiene el nuevo número. Y por si fuera poco se adelanta también la del siguiente número para que no se le pase. Bueno, tres sitios libres. Si cada persona tarda una media de diez minutos, una ventanilla, tres personas... media hora. Si a eso le sumamos tres asientos libres nos da una siesta de lo más incómoda pero de lo más aprovechada. Y la curiosidad me empieza a embargar. De qué seguirán hablando en la ventanilla 2? La señorita que atiende, absorta mira el ordenador. La persona que espera al otro lado del mostrador mira las musarañas. De vez en cuando intercambian unas frases y la escena se repite. Siento ganas de acercarme e integrarme en la escena: "que digo yo que como esto va para largo y estaba yo ahí sin hacer nada me preguntaba si le puedo echar una mano o ir haciendo algo por lo de ir adelantando..." No sé cuánto tiempo ha pasado ya. Ha dado tiempo a que vuelva a estar operativa la ventanilla 3 y a que se resuelva el problema en la 2. El número previo al mío aparece en el marcador y yo lo veo aparecer muy de cerca porque hace dos números que no he podido resistir levantarme del asiento y acercarme al mostrador. Estoy tan cerca... Pero aún tendré que esperar los diez minutos de media que está tardando cada una de las personas en su turno. Y por fin ese momento. Esa sensación. Ese nerviosismo. Ese número, mi número, ese número al que ya le he cogido cariño, ese número que ha pasado a representarme durante todo este tiempo, ese número que ya en mi mano se ha medio borrado de tanto agarrarlo... Ese número aparece en el marcador y me lanzo hacia la ventanilla. Mi turno. Yo. Por un momento me siento la persona más importante de la sala. La envidia de los que ocupan esos asientos incómodos en la sala. Pero no me da tiempo a saborear ese momento porque no ha pasado ni un minuto cuando ya he terminado mi gestión. Pero cómo! Tengo derecho a mis diez minutos como todo el mundo. No puede ser que a mi en un minuto me haya atendido y con el resto necesite diez. Pero, hombre, sáquese unos cafés y unas pastitas y charlemos un rato del problema que hay ahora en la ventanilla 3 que disfrute de este momento un poco más. Pero no, en el marcador aparece el número siguiente al mío y tengo que dejar libre el mostrador porque otra persona se abalanza a ocupar el hueco que estoy dejando libre. Hasta la próxima espera. No sé si sacar ya número...

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