"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

sábado, 8 de marzo de 2008

Qué duro se hace...

Son las 13:45 de un día de diario. Estoy en la oficina, de vuelta del comedor. Es la hora de la sobremesa. Los compis del curro y yo aprovechamos para echarnos unas risas. De qué hablamos? De todo un poco. De qué simples son los chicos, de qué complejas somos las chicas, de cotilleos, de cómo anda Willy (o cómo no anda porque aún no ha echado patas...), ... Hasta ahí todo bien.

Después me siento en mi sitio y abro la sesión del ordenador. Empiezo a currar. Me entran las prisas por hacer en unas horas lo que no me ha dado tiempo a hacer por la mañana. Y vaya si me cunde! Pero me cunde el rato que va de 14:00 a 14:30 porque a las 14:30... a esa hora... no sé qué ángel pasa por la oficina que deja todo en silencio, hace que mis párpados pesen, que alegres pensamientos lleguen a mi mente... y sin darme cuenta ya tengo los ojos cerrados.

Un fuerte sonido me devuelve a la oficina. Es mi compi que me ha visto dar una cabezada y me despierta dando golpes en su torre del ordenador disimuladamente.

Rápidamente reacciono. Enderezo mi espalda que ya había adoptado una forma curva y cómoda propicia para una siesta.

Y cómo me vuelven a pesar los párpados... y qué alegres pensamientos me invaden...
Con grandes esfuerzos consigo despegar mis pestañas, las del párpado superior de las del inferior... Vuelvo a enderezar la espalda. Clavo la vista en el ordenador. Y los alegres pensamientos vuelven a mi mente esta vez enlazados con la tarea que estoy realizando. Vuelvo a oir un golpe en la torre del ordenador de mi compi. Y me doy cuenta de que los sueños se han vuelto tan reales que incluso he abierto una aplicación y estoy tecleando algo sobre prados y vacas...

Esbozo una sonrisa y cierro la aplicación. Ya no sólo me pesan los párpados. Ahora me pesa la cabeza. "Mejor leo, así me puedo sostener la cabeza". Grave error. Coloco los papeles, me sostengo la cabeza con las manos y al rato golpe en la torre del ordenador de mi compi. Nada, no hay manera.

"Un caramelo. Seguro que si estoy comiendo no me quedo dormida." No un caramelo. Tres caramelos seguidos. Conseguir mantenerme despierta a la hora de la siesta me va a costar una caries. Se acaban los caramelos y el sueño que aguarda paciente al acecho esperando su oportunidad vuelve a aparecer. Las vacas, los prados, ... el golpe en la torre del ordenador.

"Ponte de pie y haz como si buscaras a alguien en la oficina" me dice mi compi viendo la dura batalla que estoy librando. Me pongo de pie. Con cara de alelada (la que se me queda con el sueño que me está entrando) busco a alguien. A quién? A nadie pero ahí estoy yo, mirando a todos lados... y con una cara de sueño...

Nada, que no hay manera. Es sentarme, pasar el ángel y salir las vacas y los prados... Me voy a lavarme la cara con agua helada. La cara, el cuello, los ojos...

Y así hasta las 15:00 que es cuando el ángel se va y con él mi sueño siestero.

Pues así todos los días con la diferencia de que últimamente de la primera cabezadita me despierto con las miradas fijas y las sonrisillas de mis compis:
"He ganado la apuesta. Son las 14:40 y ya se ha quedado dormida".

1 comentario:

Lumen Dei dijo...

La culpa no es tuya, deberíais exigir a vuestro Soviet Supremo la correspondiente media hora de yoga ibérico, que en inglés se llama "siesta".