"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

viernes, 24 de agosto de 2007

Teatro en la mente

Paul Watzlawick, en el libro "El arte de amargarse la vida", cuenta la historia del martillo.

Un hombre quiere colgar un cuadro. Tiene un clavo pero le falta el martillo. El vecino tiene uno, de modo que decide pedirle al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta la duda:

- ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó como distraído. Quizá tenía prisa. Pero quizá la prisa no era más que un pretexto y el hombre albergaba algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no he hecho nada. Algo se le habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada cualquier herrameinta yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y seguro que se piensa que dependo de él. Y todo porque tiene un martillo. Desde luego, es el colmo.

De modo que el hombre sale precipitadamente hacia la casa del vecino. Toca el timbre. Se abre la puerta, y antes de que el vecino tenga tiempo de decir "buenos días" el hombre le grita furioso:

-¿Sabe lo que le digo? ¡Qué puede usted quedarse con su martillo, sinvergüenza!

Recuerdo muy amenudo esta historia porque me sorprende la cantidad de veces que en la mente se nos presentan determinadas situaciones que, lejos de ser un reflejo de la realidad, nos influyen en nuestros comportamientos sin tener razón para ello. A veces en la mente se nos presenta, a modo de obra de teatro representada en un escenario, la realidad distorsionada.
La mente ata cabos sueltos, nos muestra toda una sucesión de razones, hechos, pruebas, contestaciones a interrogantes... Todo cuadra. Todo está perfectamente hilado. Sin embargo el choque con la realidad nos hace darnos cuenta de que la base de la historia hace aguas por todos sitios. La realidad sigue sus propias reglas.

Por ejemplo, este verano fuimos a una tienda con la intención de que me cambiaran un artículo que compramos en casa pero que al desembalarlo descubrimos que tenía un golpe. Al llegar a la tienda no fuimos atendidos en el momento porque la dependienta estaba atendiendo a otro cliente y el dependiente estaba ocupado en la oficina. En ese momento me asaltó a la mente la posibilidad de poderme crear toda una película sobre la situación:

Los dos dependientes sabían que el artículo estaba en mal estado, nos lo habían vendido adrede. Como lo sabían no nos querían atender y nos darían largas. Cuando no les quedara más remedio se dirigirían a nosotros pero nos echarían la culpa de los desperfectos del producto y no se harían responsables de nada...

Aunque era consciente de que toda esta historia estaba siendo inventada por mi mente no se puede evitar el sentir el escalofrío de pensar que esa es la realidad, lo que la mente nos dice.

Al final los dependientes se hicieron cargo de todo, asumiendo la responsabilidad.

En un principio lo tomé como un "a ver qué historia me podría estar presentando la mente" pero al final hasta me costaba rebatir lo que me estaba mostrando! Hay que ver... Qué puñetera es...

1 comentario:

Gorpik dijo...

A mí me pasa lo mismo muchas veces. Y sí, es difícil de evitar, y difícil autoconvencerse de que todo es una película que nos estamos montando.