"Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo." Voltaire.
"Cuando la vida te presente razones para llorar,
demuéstrale que tienes mil y una razones para reír."

viernes, 20 de julio de 2007

Existe el destino?

Si me preguntan si creo en el destino realmente no sabría qué contestar. Fríamente no puedo contestar que sí porque no puedo encontrarle sentido a una vida ya premarcada desde el nacimiento de la persona. Sin embargo, ha habido momentos en mi vida en los que no sé si el destino o una fuerza de gran intensidad parecía marcar el camino por el que tenía que ir.
El caso más claro que tuve fue cuando estaba terminando mis estudios de ingeniería técnica de telecomunicaciones. Asignaturas aprobadas en primera o segunda convocatoria, curso por año, alguna nota alta... Todo parecía indicar que no tendría problemas para pasar a la ingeniería superior. Estuve un año trabajando en el proyecto fin de carrera. Tenía que programar un mundo de vida artificial. El proyecto era muy muy interesante y tengo que reconocer que tuve mucha suerte consiguiéndolo. Recuerdo que solicitamos el proyecto más de doscientas personas y que desde el primer día que supe que ese proyecto había salido sentí que era el que quería hacer. Ninguno otro me gustaba; quería hacer ese proyecto. Las más de doscientas personas solicitamos formar parte de un grupo de siete personas que se repartirían los siete proyectos, todos ellos basados en vida artificial y redes neuronales, que había presentado un profesor. Nos dieron unos formularios a rellenar, exponiendo motivación por el proyecto y conseguí ser una de las siete personas seleccionadas y al final me hice con el proyecto que ansiaba. Tuve que aprender a programar en C++ (sabía C pero no C++), leer mucho sobre algoritmos genéticos, ver programas hechos ya sobre vida artificial, aprender a programar gráficos e inventarme mi mundo de vida artificial. La idea era presentar el proyecto en junio y así tener tiempo para arreglar los papeles para acceder a la ingeniería superior. Pues en las semanas previas a la entrega del proyecto, me surge un problema crítico: cuando el programa comienza a funcionar el ordenador se apaga. Había creado una bestia! Deduje que el problema estaba relacionado con que el ordenador se quedaba sin memoria y tirando del hilo conseguí solucionarlo pero ya era tarde para entregar el proyecto en junio. Me empezaba a distanciar de mis planes de futuro. Presenté el proyecto en septiembre pero los problemas para entrar en la ingeniería superior se sucedieron y al final, por causas que aún no logro entender y por un cúmulo de casualidades, me encontré echando matrícula en ingeniería aeronáutica, cosa que detestaba los aviones.
Una vez que mi camino se presentaba ante mi tan torcido (yo quería hacer la superior de teleco no aeronáutica) me quedé un poco desorientada. No entendía nada de lo que estaba pasando en mi vida. No entendía ese cambio repentino de rumbo cuando el orden lógico de sucesos hubiera sido acabar en la superior de teleco.
Cuando ya llevaba unos meses en aeronáutica pensando en que al siguiente año me largaba de allí, me llamaron para que recogiera el título de ingeniera técnica de telecomunicaciones en un acto un poco especial que cada año organizaban para los alumnos de la promoción correspondiente.
Y en la recogida del título hubo una pequeña charla sobre los proyectos de la NASA en el espacio. ¡No me lo podía creer! Aquello me encantaba y por fin había encontrado lo que me llamaba la atención. Al terminar la técnica de teleco no sabía con claridad a qué campo laboral me gustaría dedicarme y escuchando aquella charla me di cuenta de que lo que más me gustaba era el espacio y que era algo que siempre había tenido en mi interior pero que no había aflorado nunca.
Y comprendí que el mejor sitio donde podía estar era estudiando ingeniería aeronáutica con especialidad en vehículos espaciales.
Pasa el tiempo y no consigo dejar de pensar en aquel momento y en aquel cambio de rumbo tan inesperado y tan acertado a la vez.

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